Showing posts with label Crítica. Show all posts
Showing posts with label Crítica. Show all posts

Mar 10, 2014

La compañía de los robots

Her es una película de ciencia ficción y se ambienta en el posible futuro, donde aparece un sistema operativo,  que junto con un ordenador, satisface todas las necesidades posibles, incluida la faceta emocional.  

El protagonista, el actor Joaquin Phoenix, acaba de pasar por una ruptura sentimental y convierte al sistema operativo en su nueva mejor amiga (la voz de Scarlett Johansson). 

Pero el protagonista queda defraudado cuando descubre que su novia cibernética, Samantha, tiene muchísimas historias en paralelo, exactamente iguales que la suya. 

En definitiva, Her  es una película que tiene aspectos divertidos del universo de los robots, un mundo en el que ya estamos adentrados sin vuelta atrás.  

Her es una especie de la exaltación del ‘yo’, estos días en los que los temores y el desagrado en las relaciones humanas nos animan al bienestar de lo virtual. 

La cinta dirigida y escrita por Spike Jonze, optaba a cinco Premios Oscar y al final se ha quedado con uno, mejor guión original, obra diferente que la Academia ha sabido valorar positivamente. 

Ana Martínez  

The companionship of robots


Her is a science fiction movie set in a possible future, about an operating system, which together with a computer, meets all possible needs, including emotional aspects. 

The protagonist, the actor Joaquin Phoenix, has just gone through a breakup and makes the operating system his new best friend (voiced by Scarlett Johansson).

But the protagonist is disappointed when he discovers his cyber girlfriend, Samantha, has many parallel stories, exactly the same as his.  

In short, Her is a film with fun aspects about the universe of robots, a world we have already entered with no return.

Her is a kind of exaltation of the self, in these days when fear and disgust of human relationships encourage us to get virtual protection. 

The film, written and directed by Spike Jonze, was nominated to five Oscars although it only got one, best original screenplay; a different work that the Academy has appreciated positively.

Ana Martínez


Translation review: Elvira Salinas

Mar 7, 2014

Philomena

La gran pantalla es otro medio más, (el séptimo, según ese ranking oficioso de medios artísticos),  de los que el ciudadano de a pie dispone a la hora de dar  vida a un sentimiento fruto de inspiraciones varias y trabajo intenso, que tendrá como principal objetivo encandilar los tímpanos y retinas de los mecenas más pretendidos y  en general de un público que en la mayoría de las ocasiones es determinante en ese juicio tantas veces injusto al que es sometida toda obra de arte.

Pero no sólo en la determinación de contar tal o cual historia a modo de cuento lacrimógeno o fábula aleccionadora se quedan muchos trabajos cinematográficos o de otra condición artística. En otras ocasiones, la pretensión  de su responsable va más allá de esa delimitación, para adentrarse en el terreno de lo puramente reivindicativo. Stephen Frears nos lleva por esos derroteros con “Philomena”. Nos llama a ser testigos de una cruda historia que como tantas de ficción beben de su casi más dura versión que desafortunadamente aconteció en la vida real.

Una  joven madre soltera en la década de los 40 incriminada por una sociedad ultra católica tan puritana como hipócrita, es el punto de partida de esta cinta, imbuída del dolor de ésta y otras muchas madres a las que no sólo  robaron su juventud sino también al hijo que según moralistas y religiosos, habían concebido pecaminosamente.

Pero el guión preparado al alimón entre Steve Coogan (Martin Sixmith) y Jeff Pope, revierte  en principio esa intención de lógica venganza por otra de perdón reflejado en el personaje de Philomena, interpretado por una coherente y metódica Judi Dench, que pone el contrapunto a esa otra faceta de hombre desencantado, perdido en ese camino hacia una fe que no acaba de responder a todas esas preguntas que pululan en la cabeza de un  periodista que no escribe sobre historias humanas, y que poco a poco irá viendo la luz al final de ese tenebroso túnel que representa la crueldad del hombre frente a sus congéneres.

Sin grandilocuentes parafernalias, Philomena acapara nuestra atención en buena parte de su metraje incidiendo en esa fórmula tan prosaica como efectiva que no es otra que la de contar historias meramente humanas.  

Carlos Pérez

Philomena  


The big screen is another media, (the seventh, according to the unofficial artistic media ranking), for the citizen when it comes to give life to a feeling based on inspirations and intense work, which main objective is to please patrons and an audience whose opinion in most cases is unfair; that is the decisive trial all artwork has to go through.

But sometimes the aim of many cinematographic works is not only to tell a story. Sometimes the aim is to protest. That has been the aim of Stephen Frears with "Philomena". He calls us to be witnesses of a raw story that, like many fictional stories, is based on a true story which unfortunately happened in real life.

A young single mother in the 1940s incriminated by an ultra-Catholic society as Puritan as hypocrital, is the starting point of this film, imbued with the pain of this and many other mothers who not only lost their youth but also the son who had been sinfully conceived, according to moralists and priests.

But at the beginning, the script prepared between Steve Coogan (Martin Sixmith), and Jeff Pope, turns that intention of revenge into a feeling of pardon reflected on the character of Philomena, interpreted by a coherent and methodical Judi Dench, that puts the counterpoint to this other facet of a disappointed man,  losing a faith that does not quite answer all those questions in the head of a journalist who does not write human stories, and who will gradually see the light at the end of that dark tunnel representing the cruelty of human beings.

Without grandiose paraphernalia, "Philomena" captures our attention in much of the footage with that effective technique consisting of telling real human stories. 

Carlos Pérez

Translation review: Elvira Salinas

Feb 26, 2014

Cuando todo está perdido


La principal misión que recae sobre las espaldas de cualquier cineasta a la hora de llevar a cabo el proyecto que tiene en mente, no es otro que el de hacer llegar al espectador con la máxima intensidad posible todas y cada una de las sensaciones que se encierran en un guión a los que el actor o actores de turno tratarán de sacar el máximo partido.
Pero el cine es sobre todo un impacto visual aderezado en muchas ocasiones con grandes y provechosos diálogos que por otra parte, quedarían más que huérfanos sin  esa imagen que lleva adosada. El resultado no sería el que es en muchos films si el correspondiente diálogo o monólogo no fuera acompasado del fotograma que ilustra tal o cual discurso. Se nos antoja primordial esa relación en muchas ocasiones triple, entre guión, escenografía y banda sonora. Pero no siempre esta conjunción de elementos es imprescindible para transmitir toda la esencia de tal o cual historia. Este es el caso de, “Cuando todo está perdido”, una letanía de reveladores fotogramas a los que no les hace falta ningún tipo de añadido fonético para guiarnos sin dilaciones innecesarias hacia ese hilo conductor con el  que todo espectador espera conectar.
Un solo actor frente a una cámara,  sin opción alguna a lucirse como otros tantos con esa frase genial del guionista de turno, es un hueso siempre correoso para el responsable de la cinta en cuestión, en este caso el director J.C. Chandor, y por supuesto para el solitario protagonista. Pero no sólo de frases tan célebres como brillantes vive el amante del celuloide. Aquí la retórica del guión es un encefalograma plano que da la oportunidad de conmutarse (si de mil palabras hablásemos) por esa imagen más valiosa aún, según el dicho popular.

La figura de un ser humano que lucha por sobrevivir en la inmensidad  de la nada, es un tema siempre sugerente a la hora de captar la atención de un público ansioso por vislumbrar la luz de ese negro túnel en el que se encuentra un personaje que urde mil artimañas, dado que la vida le va en ello, para salir de tan grave  embrollo. Un veteranísimo Robert Redford sin apenas articular palabra, tirando de oficio y manejándose con pasmosa naturalidad a lomos de esa expresividad corporal que tan inútiles hace a veces las palabras, nos conmina a embarcarnos  con él en esa lucha a muerte con el Océano. No hacen falta en esta ocasión amigos imaginarios como la pelota Wilson de Tom Hanks en Náufrago”, “ni tampoco el fantasma de George Clooney  con el que Sandra Bullock mantiene a flote esas esperanzas ya tan escasas en “Gravity”. Solos él y el mar se bastan para, sin acudir a melodramáticas escenas, por otra parte innecesarias, atraparnos en esa epopeya que al margen de toda ampulosidad, cumple a la perfección con su propósito de anclarnos a la butaca tanto como “nuestro hombre”(así se le nombra en los títulos de crédito) se aferra a su vida.     

Carlos Pérez

                                                     All is lost


The main mission that falls upon the shoulders of any filmmaker when carrying out a project, which has in mind, is none other than to make the viewer feel with the maximum intensity each and every one of the sensations that are locked up in a script; a script that the actor or actors will try to make the most of.

But cinema is primarily a visual impact decorated in many occasions with large and fruitful dialogues which, on the other hand, would make no sense without the proper attached picture. The result would not be what it is in many films if the corresponding dialogue or monologue were not accompanied by the frame which illustrates such discourse. That triple relationship between  screenplay, scenography and soundtrack seems essential. But this combination of elements is not always essential to convey the essence of a certain story. This is the case of "All is lost," a litany of frames that need no added word to guide us to that strand that any spectator hopes to get connected with.

A single actor in front of a camera, with no chance to show off, just like many others with a great phrase by the screenwriter. This is always tough for the director - in this case J.C. Chandor - , and of course for the only actor. But those great quotes are not the only important thing in cinema since, according to this film, a picture is worth a thousand words.

A human being struggling to survive in the vastness of nothing is a theme always evocative to capture the attention of an audience eager to see the light at the end of that black tunnel in which the main character is stuck, trying to get out of there as his life is at stake. An expert Robert Redford without even say a word, and using the expressiveness of his body, which sometimes makes the words useless, invites us to embark with him in that fight to death with the ocean. In this occasion there is no need of imaginary friends as the Tom Hanks’s ball Wilson in "Castaway", or the ghost of George Clooney which helps Sandra Bullock to go on in "Gravity". There’s only him and the sea to get hooked in this adventure that perfectly fulfills its purpose of “anchoring” us to the seat, as much as "our man” hangs onto life.  

Carlos Pérez
Translation review: Elvira Salinas

               

Feb 19, 2014

Nebraska

Hay historias que acrecientan su poder de convicción con el envoltorio en el que éstas vienen envueltas. Una buena elección del entorno físico donde el personaje actúa e interactúa con otros individuos de ese entorno también preparados al efecto, asientan las bases de ese tándem tan funcional como vistoso, que tan bien les sienta a tantos largometrajes. Alexander Payne decora y redecora con suaves matices de paisajes semidesérticos, ambientes rurales de una América profunda que se nos presenta a través de apocados granjeros que ven la vida pasar sentados en sus crujientes y maltrechas mecedoras. Tenues luces del más clásico “midwest” filtradas por un blanco y negro que acentúa cadenciosos atardeceres en bares de carretera en los que hace ya demasiado tiempo se difuminaran furtivas ilusiones juveniles.
“Nebraska”, es ante todo una alegoría a esa figura familiar venerada en tiempos pretéritos y tan denostada  en nuestros modernos y estresantes días. Un anciano dado a la ingesta alcohólica y con brotes sintomáticos de una demencia senil que lleva de cabeza al resto de la familia, es el punto de partida de una historia de dignidades, valores perdidos, vilezas humanas ensartadas en  intereses económicos y tragicómicas odiseas de una tercera edad que siempre merece algo mejor.
Woody Grant, encarnado por un excelso Bruce Dern,  es víctima de uno de los muchos correos basura que a diario nos engatusan con premios millonarios, casas de ensueño y demás burdos ganchos publicitarios; acompañado por su hijo David (Will Forte), quién se convierte en punta de lanza que acomete contra esos molinos convertidos en gigantes que su padre ve con tan meridiana claridad, emprenderán un largo viaje donde se pondrán en juego valores mucho más notables que el supuesto millón de dólares. Un viaje en busca de una ilusión, quién sabe si la última y por eso tan necesaria, que supone ese antifaz invisible que el anciano Grant parece utilizar para ver sólo lo que realmente le importa, y difuminar hasta hacer desaparecer agravios y demás deleznables actitudes.
June Squibb en el papel de una descarada, socarrona y mordaz anciana (Kate Grant), junto a un veterano Stacy Keach (Ed Pegram), y los anteriormente citados Dern y Forte entre otros, conforman el plantel de una de esas historias que sin grandes aspavientos, tan despaciosamente como sus serenos atardeceres, nos dejan esa sensación de habernos satisfecho gratamente.    

Carlos Pérez


                                                      Nebraska

There are stories that increase its power of conviction with the packaging in which they are wrapped. A good choice of the physical environment where the character acts and interacts with other individuals establishes the duo basis that fits many movies., Alexander Payne decorates and redecorates with soft hues of rural environments, semi-desert landscapes of a deep America which we are presented through resigned farmers who see life pass sitting in their old and battered rockers. A dim light of a classic "Midwest" filtered through black and white which emphasizes alluring sunsets in roadside bars where  too many years ago furtive youth illusions took place.
"Nebraska" is first and foremost an allegory to that family figure revered in old times and maligned in our modern and stressful days. An old man given to alcoholic intake and with symptomatic outbreaks of a senile dementia that drives the rest of the family crazy, is the starting point of a story of dignities, missing values, vile human acts coming from economic interests of  senior citizens who always deserve something better.
Woody Grant, embodied by an excellent Bruce Dern, is a victim of one of the many spams that daily cajoles us with millionaire prizes, the house of our dreams and other advertising hooks; accompanied by his son David (Will Forte), who will attack those windmills which become giants that his father sees so crystal clear. They will undertake a long journey where there  will be much more important things at stake than the one million dollars. A journey in search of an illusion, - perhaps the last one and that is why it is so needed -, which is supposed to be that invisible mask that the old Grant seems to wear to view only what really matters for him, and to blur and to get rid of grievances and other despicable attitudes.
June Squibb in the role of a sassy, sly and mordant elder (Kate Grant), along with a veteran Stacy Keach (Ed Pegram), and the aforementioned Dern and Forte among others, define the staff of one of those stories that, as slowly as its serene sunsets, leaves us with a feeling of being pleasantly satisfied.
 Carlos Pérez
Translation review: Elvira Salinas

Feb 12, 2014

La gran estafa americana


Un film verdaderamente bueno no lo es siempre por el hecho de haber invertido en él grandiosos emolumentos, contar con lo último en tecnología punta o disponer de intérpretes  en estado de gracia, no ya en el panorama actual,  sino dando el 150% en este trabajo en concreto. Hay cientos de superproducciones que han sido engullidas sin remedio por sus propias ansias de estrellato, por tambaleantes pronósticos que la daban como  clara vencedora en cualquier entrega del más prestigioso de los galardones cinéfilos, o por la mera apetencia que de vez en cuando nos embarga  de encumbrar una cinta como estrella indiscutible.

“La gran estafa americana”, es una de esas producciones que nacen con un pedigrí sintomático de un  éxito arrollador, independientemente de su corroboración pertinente el día  de su estreno. El olor a victoria es perceptible mucho antes de que el primer fotograma se plasmase en la pantalla, alguien se encargó de ponerle esas gotitas de Chanel mucho antes de que su presentación en sociedad se hiciera efectiva. Una construcción indestructible con fundamentos sólidos, lista para afrontar los huracanes más violentos en forma de feroces críticas (si es que éstas llegasen a producirse).

Parafernalias estilísticas que cuidan hasta el más irrelevante de los detalles ( cardados imposibles, pantalones acampanados),  una exquisita y cuidada banda sonora, preparada al efecto, que sube la tonalidad de un escenario setentero ya  de por sí bien estructurado, y el haber contado con actores en estado de gracia como, Christian Bale, Bradley Cooper o esa perla añadida, Jennifer Lawrence, a la que no prestamos mucha atención obviando lo que en un principio nos parece un  personaje de relleno, y que a la postre se reivindica a si mismo dando un golpe tan glamuroso como enérgico, poniendo sobre las cuerdas en ese ring de féminas desmelenadas, a  su no menos grandiosa compañera de reparto, Amy Adams.

Con estas envidiables bazas cuenta el director David O. Russell para conformar esta madeja de  dimes y diretes, entramados de corruptelas varias y personajes que no son ni buenos ni malos, sino marionetas a las que se les afloja o estira demasiado el hilo, el cual acaba enredando a un espectador perdido en este laberinto en el que ni el mismísimo Teseo lograría salir victorioso. La pretensión de rizar el rizo argumental a veces tiene efectos contraproducentes, aunque las corruptas realidades que se pretendan plasmar en el film, arcaicas o recientes, sean aún mucho menos entendibles.

Carlos Pérez

                                               American Hustle


A film is not always good just because of having invested grandiose emoluments, having the latest technology or having actors in State of grace who do as well as they can in this work in particular. There are hundreds of blockbusters that have been swallowed up inevitably by their own desire for stardom, despite all the predictions that showed it as a clear winner of the most prestigious award.

"American Hustle" is one of those productions which are born with a symptomatic pedigree of an overwhelming success, regardless of its affirmation the day of the release. The smell of victory is perceptible even before the first frame is on the screen, someone was responsible for putting those “drops of Chanel” before it was presented in. An indestructible construction with a strong base, ready to face the most violent hurricanes in the form of fierce criticism - if it should occur.

Stylistic paraphernalia caring for the most irrelevant details (impossible backcombing, flares), an exquisite and meticulous soundtrack, a well-structured scenario from the 70’s, and actors such as Christian Bale, Bradley Cooper, or Jennifer Lawrence, to whom we do not pay much attention, ignoring what initially seems a minor character, but who eventually reclaim her place in a glamorous and energetic way, on that ring of fashion women, with her no less great colleague, Amy Adams.

The director David O. Russell counts on these secret weapons to make up this story, full of corruption and characters who are neither good nor bad, but puppets who hook the audiences and make them get lost in this labyrinth in which nor would Theseus emerge victorious from. The ambition of crown it all sometimes has counterproductive effects, although the corrupt realities that they intend to capture in the film, ancient or recent, are still much less understandable. 

Carlos Pérez

 Translation review: Elvira Salinas  

Feb 5, 2014

¿Qué hacemos con Maisie?

Dentro de una misma historia sea del color que fuere, pueden incluirse a su vez otras tantas que aporten a la principal esa vitamina suplementaria para que el mosaico argumental resultante acapare de forma mucho más contundente la atención del espectador más reacio. Hay muchos factores que intervienen en esta táctica pulida y perfeccionada a lo largo de los años por guionistas, productores y directores, que trata imperiosamente en confluir en ese punto neurálgico del éxito, que tan esquivo y difícil resulta para la mayoría. Guiones portentosos, planos imposibles, bandas sonoras de ensueño, y otros tantos ases que el tahúr de turno ha de manejar para establecer esa jugada maestra merecedora del Óscar. Pero aparte de cómo está estructurada cualquier trama, hemos de fijarnos qué punto de vista se adopta con respecto a cada uno de sus personajes, o más bien  donde se establece esa marca de protagonista que los respectivos guionistas han creído oportuno otorgar a  uno u otro personaje, y que curiosamente dependiendo de que este o aquel ostente este título en los créditos, la historia variará ostensiblemente.
En este caso es Henry James, el autor de, ”¿Qué hacemos con Maisie?”, la novela original de la cual beben con sumo provecho los guionistas Carrol Cartwright y Nancy Doyne, que habilitan para el Nueva York actual, una historia desarrollada en el Londres de 1897; el que elige  como principal referente el punto de vista de una paciente y resignada niña, que desde su indefensa y denostada posición es testigo impasible, salvo por una única y desconsoladora lágrima, de la negligente actitud de unos padres que en un frenético ejercicio de irresponsabilidad, zarandean un convulso matrimonio hasta el punto de implicar a terceras personas, que a la postre serán una tabla  de salvación para la inocente Maisie.
Scott McGehee y David Siegel son los encargados de dirigir una cinta cargada de egoísmos camuflados entre rictus lacrimógenos , trifulcas en pos de una custodia que en el fondo ninguno desea y clases magistrales sobre cómo unos padres se desentienden de su hija sin que nadie les reproche ni una coma del asunto; pero también entre toda esa podredumbre humana, un atisbo de cordura, buena fe y esperanza, aclaran de alguna manera el negro horizonte  que se cierne sobre la niña, una niña que se erige como verdadero centro gravitatorio de todo lo que a su alrededor sucede, dejando en segundo plano temas recurrentes en otras muchas cintas, (si tal o cual progenitor es más o menos merecedor de la salvaguardia de su hija), un remolino de inocencia que acaba engullendo cualquier despropósito adulto.
Julianne Moore, Steve Coogan, Alexander Skarsgard, y Joanna Vanderham, dan vida a los cuatro personajes que entran y salen de la vida de Maisie, interpretada magistralmente por Onata Aprile, sin duda lo mejor de un film ya de por sí sobrio, bien estructurado y rebosante de sentimiento, ingrediente indispensable para toda historia que aspire a perpetuarse en la memoria de cualquier espectador.   
Carlos Pérez

                                               What Maisie Knew

Whatever it is about, within a same story many other elements can be included at the same time that contribute to the principal strand to get more forcefully the viewers’ attention. There are many factors involved in this tactic, very well-polished over the years by scriptwriters, producers and directors. This aims to achieve success, something as elusive as difficult for the majority. Portentous scripts, impossible shots, dream-like soundtracks, and many other aces up one’s sleeve are needed to create that masterpiece which is worth of an Oscar. But apart from the way any plot is structured, we have to focus on what point of view is adopted  by each character, or what the level of importance assigned to each character is. Not by chance, the story will vary considerably depending on whether this or that holds certain title in the credits.
In this case it is Henry James the author of "What Maisie knew ", the original novel from which the writers Carroll Cartwright and Nancy Doyne have taken advantage of. They are developing in the current New York a story which was developed in London in 1897. A story developed from the point of view of a patient and resigned girl, who becomes an impassive witnesses of the negligent attitude of her parents, who take a troubled marriage to the point of involving third parties, who eventually will be the hope of salvation for the innocent Maisie.
Scott McGehee and David Siegel direct a film full of selfishness in disguise: crocodile tears, brawls for a custody which no one really wants and master classes on how her parents shun their daughter and anyone says a thing. However, besides all this human corruption, we see a glimpse of sanity, faith and hope, brightening somehow the black horizon looming over the girl, a girl who stands as real gravitational center of the film,, leaving aside common themes, (which one is more or less deserving of the safeguarding of the girl). She represents a swirl of innocence that puts an end to any adult nonsense.
Julianne Moore , Steve Coogan, Alexander Skarsgård, Joanna Vanderham, bring to life the four characters who enter and leave the life of Maisie, starring masterfully Onata Aprile, certainly the best of a sober film, but also well-structured and brimming with feelings, - an essential ingredient for any story that aspiring to remain  in the memory of any viewer. 
Carlos Pérez
Translation review: Elvira Salinas

Jan 27, 2014

Agosto

De la balsa de aceite tan delicada y frágil en la que cada día basamos nuestra experiencia vital, convenciéndonos erróneamente de lo inexpugnable de nuestra posición ante posibles tsunamis sentimentales, que darán al traste con un castillo de arena que ya desde un principio se desmoronaba sin que el propio dueño se percatase de tan grave ruina; trata esta adaptación cinematográfica de la pieza teatral del premio Pulitzer 2008, Tracy Letts. “Agosto”, es una alegoría del esperpento que resulta de dar rienda suelta a esos demonios que el más impoluto de los mortales arrastra a lo largo de su vida y que con el detonante adecuado y sin previo aviso, estalla provocando a su vez una reacción en cadena, digna de la guerra más encarnizada.
Sin perder ese carácter sobrio tan propio del escenario teatral, y a la vez impregnándose  de las virtudes que esto le proporciona, el film se posa acertadamente en esa línea divisoria  que se da entre cine y teatro, aportándonos los favores siempre agradecidos de ambas disciplinas. 

El creador de la serie “Urgencias”, Jhon Wells, es el encargado  a su vez de dirigir un nutrido elenco, (hasta doce actores), que en las casi dos horas de metraje de la cinta, convencen a un espectador inmerso en este caos familiar, sin la necesidad casi imperiosa en estos tiempos, de  introducir elementos sangrientos o de similar poder de abducción que asegure que la butaca no acabe convertida en  un improvisado lecho.
Papeles inconmensurables sólo pueden ser interpretados por actores de la misma talla, y  Violet Weston es de esos personajes a los que hay que mimar especialmente. Hay que proporcionarles, como a un niño superdotado todo lo necesario para que su desarrollo sea pleno. Son los que provocan esa catarsis que hacen de un film bueno, uno mucho mejor. Y aquí entra Meryl Streep, nadie como ella podía dar vida a una señora Weston,  histriónica, amargada, estridente, destrozada por las drogas, por el cáncer  y sobre todo por las desavenencias de una familia con la que hace tiempo quería ajustar cuentas.

El resto del reparto, excepcional, donde se percibe ese talento perfeccionado por los años en veteranos de la gran pantalla como Julia Roberts, Ewan Mcgregor, Chris Cooper, Juliette Lewis, Margo Martindale o Benedict  Cumberbacht.

Destacar escenas como la reunión familiar en la mesa, donde se degusta según una adolescente Jean Fordham ( Abigail Breslin), el miedo en forma de carne, un miedo a la soledad, al fracaso, a enfrentar fantasmas del pasado, y que cada uno intenta disimular con esa risa tonta tan ridícula como delatora.

Gran historia, cruda y visceral, en la que el arte de la interpretación luce sus mejores galas.

Carlos Pérez

                                            August: Osage County

The delicate and fragile calm sea on which we base our daily life experience, by convincing us erroneously of how unassailable our status is in case of sentimental tsunamis; tsunamis that will sweep away a sand castle that was collapsing from the beginning without the owner realizing. That is what this film adaptation of the play of the 2008 Pulitzer Prize by Tracy Letts is about. "August: Osage County", is a look at the lives of the strong-willed women of the Weston family, whose paths have diverged until a family crisis brings them back to the Oklahoma house they grew up in, and to the dysfunctional woman who raised them. Without losing that so sober character of the theatrical stage and at the same time soaking up the virtues of a play, the film is right between cinema and theatre, providing us with the advantages of both disciplines.
The creator of the series "Emergency", John Wells, is the responsible for direct a large cast (up to twelve actors) that in the nearly two hours of footage, impress  spectators with this family chaos, without the almost urgent need in these times of introducing bloody scenes that ensure that the armchair will not become a makeshift bed.
Great roles can only be played by great actors, and Violet Weston is one of those characters who must be especially pampered. They should be provided, as a gifted child, with everything needed to make their development complete. They cause that catharsis that turns a good film into a great. And here enters Meryl Sreep. Nobody but her could bring to Mrs. Weston to life: a woman , shattered by drugs, cancer and the rifts of a family that needed to settle the score, and with a histrionic, bitter character.
The rest of the cast, outstanding, lets us perceive that talent, honed by years in the big screen, of established actors such as Julia Roberts, Ewan Mcgregor, Chris Cooper, Juliette Lewis, Margo Martindale or Benedict Cumberbacht.
The scene of the family gathering around the table should be noted. Here, according to a teenage Jean Fordham (Abigail Breslin), they are eating fear in the form of meat: fear of loneliness, failure, fear of facing the ghosts of the past; a fear that everyone tries to disguise with a ridiculous and incriminating silly laugh.
A hard and great story in which actors can make an impression. 

Carlos Pérez

Translation review: Elvira Salinas.